Para conocer más..
Cámbrico:
la explosión que cambió el mundo. Imagina un océano sin más sonido que las
olas. Un continente entero de roca pelada, de charcos con precipitaciones
químicas, de sol inclemente, lluvia y rayos, de volcanes y avalanchas, de ríos
completamente cristalinos, de erosión y deposición sin límite. Imagina una
atmósfera asfixiante compuesta de nitrógeno y gases reductores: un planeta
dominado por las puras fuerzas de la geología y la química. Estás imaginando la
Tierra hace 4 mil millones de años, poco después de su formación. Fue entonces
cuando la vida surgió. En rocas de hace 3 mil 800 millones de años aparecen
restos, pistas de que ya por entonces había seres vivos: algas, bacterias,
seres unicelulares y anaerobios que empezaron a colonizar y a cambiar los mares
y las tierras.
Durante
más de mil millones de años, aquellos seres se reprodujeron y evolucionaron;
hace 2 mil 700 millones de años ya eran capaces de formar tapices bacterianos
como los que conocemos hoy y que crearon
fósiles característicos llamados estromatolitos. Hace 2 mil 400 millones
de años, la contaminación que provocaron causó la mayor extinción de la
historia de la vida y cambió el planeta para siempre.
Aquellos
seres vivos eran capaces de realizar la fotosíntesis, y su tóxico producto de
desecho (el oxígeno) envenenó para siempre la atmósfera. Murieron muchos,
incapaces de enfrentarse a un elemento tan reactivo. Pero otros se adaptaron y
la vida siguió.
A
lo largo del 87% de la edad de la Tierra, aquí solo hubo roca, agua y, en los
bordes, algo de moco. Pero hace 540 millones de años, algo ocurrió; y no
sabemos qué. Después de esa frontera apareció de repente una increíble variedad
de animales y plantas, una cornucopia de vida en la que podemos reconocer los
ancestros de los seres vivos que hoy habitan la Tierra, y también formas
extrañas, experimentos biológicos que no sobrevivieron al implacable filtro de
la selección natural. Hace 540 millones de años se produjo una explosión de
diversidad biológica que llamamos la explosión cámbrica.
2.
Árboles parlantes, algo así como los Ents.
Se
avisan entre ellos de un peligro inminente, pero no sabemos cómo. El químico y
zoólogo estadounidense Davey Rhoades infectó un grupo de sauces con orugas
tóxicas. El efecto de esta oruga es que el árbol se proteja de una posible
plaga para lo que cambia la composición química de sus hojas elevando el nivel
de ácido clorogénico, de modo que a las orugas les resulte tóxico y mueran.
Lo
raro llegó después, cuando Rhoades comprobó que un grupo de sauces cercanos,
que no había sido infectado por las indeseables orugas, también elevó su nivel
de ácido clorogénico en las hojas, en respuesta a un posible e inminente
ataque. Pese a que aún no se sabe si la comunicación fue activa (disparada por
el ataque de las orugas) o pasiva (percibida de algún modo por los sauces no
infectados), los expertos aseguran que hubo algún tipo de comunicación entre
los sauces del bosque. Un lenguaje silencioso para el oído humano.
3.
La señal extraterrestre
El 15 de agosto de 1977 a las 23:16 horas, el radiotelescopio Big Ear, ubicado en Estados Unidos, recibió una señal de radio de origen desconocido durante 72 segundos. Llegaba desde la constelación de Sagitario, a 10 mil años luz, y alcanzó una intensidad 30 veces superior al nivel de ruido residual de un sistema cuando no se mide nada.
La
señal se conoció a partir de ese momento como “Wow” debido a un apunte
entusiasta de su descubridor. Jerry R. Ehman, profesor de la Universidad
Estatal de Ohio, el cual revisaba los registros del día y descubrió la señal
anómala más intensa que se había
detectado hasta entonces. Todos los intentos de obtener una señal desde la
misma dirección han fallado. Al igual que la búsqueda de una explicación
satisfactoria. Habrá que seguir escuchando.
4.
Voces en el océano.
Suena
a algo parecido a “bloop”, y tiene pinta de ser emitido por “algo” vivo. O no.
Se trata de uno de los sonidos procedentes de lo más profundo de los océanos,
detectado por una red de radares que se construyó durante la Guerra Fría para
espiar submarinos soviéticos. Ahora, la Agencia Estadounidense de Investigación
Oceanográfica ha publicado una lista de estos “extraños ecos”.
El
apodado “bloop” se ha escuchado varias veces en el Pacífico. Otro de los ecos
que más intriga suena algo así como “upsweep”, aparece y desaparece con las
estaciones, y su origen está en una zona del fondo del Pacífico que muestra
actividad volcánica, pero se desconoce qué lo crea. ¿Alguna forma de vida?
5.
Rayos contra la Tierra.
Desde
todo el Universo, rayos cósmicos caen a velocidades increíbles sobre nosotros y
nos atraviesan. Son rayos formados en su mayor parte por partículas cargadas
eléctricamente: los protones. Estos se cuentan entre las partículas con más
energía de todo el universo.
Han
llegado hasta nosotros tras un viaje de hasta 800 años luz. Desde hace un
siglo, los científicos intentan descubrir su origen, y la pregunta más
frecuente y que parece mejor guiada a dar una respuesta es: ¿qué tipo de
fuentes cósmicas pueden emitir partículas de tanta energía? Los candidatos a
alzarse con el título son las explosiones de supernovas, los púlsares y el
núcleo de la galaxia, que podría contener un agujero negro.
