sábado, 22 de enero de 2011

Reflexiones..*



Muchos de nosotros añoramos nuestra niñez, desearíamos poder ser nuevamente niños, el poder equivocarnos y recibir una simple reprimenda, que nuestras preocupaciones sean sólo los estudios, o pensar en la chica que te gusta,  vivir despreocupadamente, sólo queriendo divertirnos, viendo el mundo con el alma y no con los ojos críticos del adulto.

Quizás la solución es para aliviar nuestra carga es aprender de ellos a gozar la vida, a vivirla, a dejar de pensar en el futuro, y volver a lo natural de la vida.

Ser adulto nos es tarea fácil y claro que deseamos ser jóvenes o niños eternamente, sólo que no puede ser, hay que aprender a ser adultos y tomar nuestras propias decisiones.

Muchas veces deseamos retroceder el tiempo y no tener tanto sufrimiento y responsabilidad en lo cotidiano. No es fácil ser adultos, pero debemos dejar pasar nuestra niñez, nuestra juventud y aprender a ser grandes padres, esposos y soporte de nuestras familias.

Dejar pasar la juventud es parte de nuestro crecimiento, es parte de la vida misma, debemos aprender a sobrevivir entre las tristezas y alegrías, nada es para siempre.

No debemos tener miedo a la edad, son etapas diferentes y cada una de ellas viviremos situaciones diferentes.

Cuando el amor de adulto nos llegue a nuestra vida para habitar nuestro corazón deberemos aprender a llevar nuestros años con dignidad. No tener miedo a la vejez, son años dorados que nos traerá una paz muy bella, en paz con la vida, con Dios y con los que confiaron en nosotros.

En la juventud, sin duda, vivimos los mejores años de nuestras vidas, donde se tejerán o se tejieron los mejores sueños, sólo que como todo en la vida, los años pasan y debemos aprender a enfrentar nuestra vida de adultos.

La vida no es comprada, sólo prestada, de nosotros depende como vivirla.                                                                                                                                              

Mientras el corazón sea joven, lo seguiremos siendo, la vejez entra cuando dejas de luchar, cuando ya no tienes la capacidad de amar, de sonreir. Saber envejecer es la obra maestra de la vida, y una de las cosas más difíciles en el dificilísimo arte de la vida.