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Mostrando entradas de julio, 2016

Convenciendo a los otros.

Un profeta llegó cierta vez a una ciudad para convertir a sus habitantes.
Al principio, las personas parecían entusiasmadas con lo que oían. Pero -poco a poco-la rutina de la vida espiritual se hizo tan difícil, que los hombres y las mujeres se apartaron, hasta que no quedó ni un alma que lo escuchara.
Un viajante, al ver al profeta que predicaba solo, preguntó: -¿Por qué continúas exaltando las virtudes y condenando los vicios? ¿No ves que aquí nadie te escucha?
-Al principio, yo esperaba cambiar a las personas -dijo el profeta. -Si todavía hoy sigo predicando, es sólo para impedir que las personas me cambien a mí.

Imágenes bellas.

En tu profundo abismo la vida vio su origen, y trazaste las leyes por las que los seres se rigen, y del mismo abismo emergió el seco suelo, y la luz del sol lo ilumina desde el eterno cielo.





















Podría callar.

Cuando seas libre para amar responsablemente
Me puedes llamar
Que aquí estaré ahora y siempre.
No te puedo culpar
Que casi sabía que iba a perderte.
Podría callar
Más quiero que te quede claro que nunca te dejaré de desear.
Si esto no es querer
Te hallo razón que quieras marchar.
Podría callar.
Lo estoy intentando después de esta muerte.
Ponte en mi lugar
Que yo en el tuyo
Estaré eternamente.
Podría callar y tu no saber
Que pienso amarte
Con y sin final.


Libertad para elegir...

Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como hombre justo y comprensivo...
Al terminar la clase ese día de verano, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiance le dijo:
– Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de verle esa cara aburridora.
El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado.
El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó:
– Cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes?
El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.
– Por supuesto que no, contestó de nuevo en tono despectivo el muchacho.
– Bueno, -prosiguió el profesor- cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia y rencor, q…