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Mostrando entradas de diciembre 29, 2015

Pepe Cortés.

La noche, en esta ocasión, estaba enfada con las estrellas y la luna. Les había prohibido que se dejaran ver. Además, se había confabulado con la niebla para dibujar los paisajes con un halo misterioso y perturbador.
En una mísera vivienda, al borde de un camino vecinal, apenas sabían de la noche. La oscuridad la llevaban dentro de su vida, imposible de disipar con la pobre lámpara de gasolina, fabricada con una lata de refrescos y un trozo de tela de algodón. Sombras estáticas, ratones buscando lo inexistente, la muerte acechando, una madre con un niño en brazo y un padre con la mirada perdida en la penumbra, era el escenario perfecto para otro tomo de “Los Miserables”.
Nadie había ayudado para comprar la medicina que necesitaban para salvar al infante. Unos, porque tenían los bolsillos llenos de pobreza y hambre y otros porque sus arcas estaban llenas de desprecio hacia el desposeído, odio a los pobres, egoísmo, crueldad, indiferencia.
Poco a poco, el demacrado rostro del padre fue cob…

Palabras sobre la muerte.

En una ocasión, estaba El Ermitaño, el Elegido, contemplando las tumbas del pequeño cementerio de la aldea. Se paseaba por entre las tumbas como quien pasea por un jardín. Tal era la paz y el buen semblante del Ermitaño.
No tardó en correrse la voz entre los deudos que se encontraban en el lugar de que el Bien Amado se encontraba allí y muchos se acercaron donde el.
Al verlos, El Ermitaño, el Elegido, dijo: —Veo que vosotros, como yo, habéis venido a recordar a vuestros difuntos.
Esto ciertamente que es bueno, no nos debemos olvidar de nuestros hermanos que ya partieron de este plano.
Entonces, un anciano le dijo al Ermitaño: —Bien Amado, háblanos de la muerte.
Y el Elegido contestó: —¿Queréis que os hable sobre la muerte? Escuchadme, también he aprendido las canciones que tratan de la muerte. Luego, sentándose en la orilla de una tumba dijo así: —Viejos huesos que ocupáis esta tumba, permitidme descansar aquí, pues me han pedido que cante las canciones que aprendí sobre la muerte.
—¿Queréis qu…