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Mostrando entradas de junio, 2016

El violín.

El subastador pensó que perdía su tiempo mostrando ese viejo violín estropeado y arañado, pero aún así, lo mostró.
– ¿Cuánto ofrecen, buena gente? -gritó.
– ¿Quién hará la primera oferta?
– ¡Un dólar, un dólar! -entonces...
– ¡Dos! ¿Sólo dos?
– ¡Dos dólares!
– ¿Hay alguien que de tres?
– ¡Tres dólares! ...
– ¡Tres dólares la una! ¡Tres dólares...a las dos! Que se va por tres... pero…
–¡No!
Un hombre canoso se puso de pie, llegó adelante y tomó en sus manos el arco. Limpiando el polvo del viejo violín armonizó sus cuerdas y tocó una melodía muy tierna. Al cesar la música el subastador dijo, en voz muy baja y más bien para sí:
– ¡Cuánto daría yo por tener este viejo violín! -y tomándolo con más cariño lo volvió a levantar:
– ¡Cien dólares!
– ¿Y quién da doscientos? – ¡Doscientos! – ¿Y quién da trescientos? – ¡Trescientos! – ¡Trescientos, a la una! ¡Trescientos a las dos! ¡Y se va y se fue! -exclamó. Algunos lloraban y los demás aplaudían...
“No podemos comprender”, se decían, “¿Qué cam…

Sabia virtud de conocer el tiempo…

Sabia virtud de conocer el tiempo.
A tiempo amar y desatarse a tiempo;
como dice el refrán: “dar tiempo al tiempo”,
que de amor y dolor alivia el tiempo.
Aquel amor a quien amé a destiempo
atormetóme tanto y tanto tiempo,
que no sentí jamás correr el tiempo
tan acremente como en ese tiempo.
Amar, ¡queriendo como en otro tiempo!
Ignoraba yo aún que el tiempo es oro.
Cuánto tiempo perdí, ¡ay! cuánto tiempo.
Y hoy, que de amores ya no tengo tiempo
-amor de aquellos tiempos- ¡cómo añoro
la dicha inicua de perder el tiempo!
Autor: Renato Leduc