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Mostrando entradas de enero, 2016

La tristeza.

La tristeza, una de las palabras con más sentimiento que existen en el habla humana.
Hay personas que pueden con ella, pero también hay que no, y se derrumban a menudo.
Una simple palabra semi ofensiva de otra persona hace que te derrumbes, pues estás débil.
También hay gente que esconde la tristeza bajo una falsa sonrisa. Se hacen daño, lo saben, pero demuestran ser fuertes, muy fuertes.
Pero a veces eso es malo, es lo que decía antes hablando del orgullo, a veces es bueno derrumbarte, pero vigilando el lugar y con las personas que lo hagas, ya que en un futuro pueden usar esas armas contra ti y apuñalarte con ellas causándote una grave herida que costará de curar.

Imágenes bellas.

Tierra y tú magnificáis naturaleza,
dotada de una magistral belleza,
eres fuente de inspiración,
susurrando ideas al alma y al corazón....



















Imágenes bellas.

Dios en su grandiosa realeza, Uso la naturaleza, Vio una luciérnaga volar, Y  a ti te dio un par de ojos para mirar
(Fragmento.- Guatemala poet)



Recordarte.

No recuerdo la última vez que sonreí, fue un instante mágico, que condensaste con tu mirada, fue la dulzura de cada palabra mencionada, la tristeza de cada caricia olvidada, la soledad acompañada. Conozco el  aroma que dejan tus sueños, el mismo aroma que deja el dolor. Albergué la esperanza, que le dio el derecho a la razón de quitarle lo que es del corazón.
Recordarte es el trabajo más eficiente que me da la razón, encontré debajo de tu piel, el sentido de esta rutina que algunos llaman vivir, esa calle sin salida la única opción, caminar por tu piel fue mi triste perdición, como negar lo que niega la razón, si cuando lo niega lo acepta el corazón, me encuentro con un botón que me deja con la duda, y otro botón que me grita la realidad, que no es real en este mundo de ficción. El valor del corazón de vestirse de insensato, de fingir ser sutil tan solo por un rato, tratando de esquivar tu mirada, que dio con la agonía, que despierta tu sonrisa inocente, tan culpable como yo, por amart…

Lobo de mar.

Paseaba como todos los días por el muelle disfrutando del olor a sal y el calmado murmullo de las olas agotándose en mi oído. La soledad siempre mi única compañía recordándome los años desperdiciados de caricias perdidas en el olvido, de besos no dados deseosos de encontrar una boca, de te quieros guardados bajo llave por temor a parecer más débil en un mundo donde se hace valer la ley del más fuerte.
Hoy mis pasos carecen del vigor de antaño y sin embargo la soledad sigue golpeando con fuerza acompañándome en mis largos paseos al lado del mar, ese que nunca me ha abandonado ni en los peores momentos. El mismo que acariciaba día tras día mi cuerpo con sus delicadas olas. El mismo que mecía el barco acunando nuestros sueños.
Fueron buenos tiempos, tiempos duros de largos días de trabajo, jornadas eternas y aventuras que a punto estuvieron de costarme la vida. A pesar de todo fueron buenos tiempos, la soledad de mis brazos no pesaba tanto como ahora, siempre pudiendo sustituirse por noche…