miércoles, 13 de julio de 2011

Pensamientos positivos para sentirse bien.

El estado o salud emocional depende de forma directa de los pensamientos que se tienen. Es, por tanto, responsabilidad de cada persona dirigir estos pensamientos para proporcionarse una vida más placentera y feliz. La mente no puede mantener dos pensamientos a la vez, sólo la rapidez de éstos hace que parezca así. Por esta razón, centrarse en las respiraciones es una gran ayuda para modificarlos. Mientras se pone la atención en la inspiración y la expiración es imposible preocuparse en otras cosas.

Si te ocupas de concentrarte en qué harás para salir de una determinada situación actual dejarás automáticamente de preocuparte por las razones que te llevaron allí. Es conectar con la solución en vez de centrarse en el problema.

Pensar de una u otra manera implica conexiones neuronales diferentes, sustancias químicas distintas y, por tanto, emociones negativas o positivas en cada caso. De ahí que cambiar el pensamiento cambia la emoción.

El doctor Richard Davindson, director de la Universidad de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Winsconsin, demostró que cuando se tienen pensamientos nuevos y diferentes se forman nuevos conductos neuronales. Eso quiere decir, si tienes más pensamientos positivos más se bloquean los negativos.

Un ejemplo, esta mañana me dolía la cabeza. Durante un buen rato estuve tan pendiente del dolor que éste no remitía ni aún tomando un analgésico. Me di cuenta que me había metido en un pensamiento que, además, estaba potenciando ese dolor. ¿Qué he hecho entonces?

1.Respirar y tomarme un rato para conectar con mi interior.

2.Preguntarme a mí misma qué estaba necesitando, para qué estuviese esa sensación ahí y qué me hacía quedarme enganchada.

3.Tomar las acciones oportunas para responder a esas necesidades y enfocarme en las cosas positivas a través del agradecimiento.

Ser puntual.. *

Al padre Pascual le estaban haciendo su cena de despedida por 25 años de trabajo en una Parroquia.

Un político miembro de la comunidad fue invitado para dar un breve discurso. Como el político tardaba en llegar, el sacerdote decidió decir unas palabras él mismo para llenar el tiempo.

-Mi primera impresión de la parroquia la tuve con la primera confesión que me tocó escuchar. Pensé que me había enviado el obispo a un lugar terrible, ya que la primera persona que se confesó me dijo que se había robado un televisor, que les había robado dinero a sus papás, había robado también en la empresa donde trabajaba, además de tener aventuras sexuales con la esposa de su jefe. También en ocasiones se dedicaba al tráfico y a la venta de drogas. Y para finalizar, confesó que le había trasmitido una enfermedad venérea a su propia hermana. Me quedé asombrado, asustadísimo... Pero cuando transcurrió un tiempo, fui conociendo más gente y vi que no eran todos así, vi una parroquia llena de gente responsable, con valores, comprometida con su fe. Y así he vivido los 25 años más maravillosos de mi sacerdocio.

Justamente en este momento llegó el político, por lo que se le dio la palabra…

Pidió disculpas por llegar tarde y empezó a hablar diciendo:

-Nunca voy a olvidar el primer día que llegó el padre Pascual a nuestra Parroquia..... De hecho, tuve el honor de ser el primero que se confesó con él...

Moraleja: ¡Nunca llegues tarde! ¡La puntualidad es un hábito valioso!