jueves, 31 de diciembre de 2015

El fin.

La situación se torna desesperante, la gente sale angustiada a los supermercados a comprar todo tipo de alimentos. Si en condiciones normales ya tenemos tendencia al egoísmo, ahora se ha potenciado mucho más.

Dicen que hay alimentos para un largo tiempo, que se han cosechado todos los vegetales antes que sigan reduciendo de tamaño y de peso, que se han faenado los animales comestibles y se han refrigerado. Que se trabaja aceleradamente en conseguir alimentos sintéticos. Pocos creen en esos anuncios.

Para colmo anuncian que la velocidad de rotación de la Tierra se aceleró, con lo cual el día de hoy va a durar 20 horas. Nora y Dora se han serenado. Yo en cambio, desde hace unas horas me siento deprimido, pesimista y por primera vez en mi vida, desbordado.

Para alguien con personalidad obsesiva, no poder tener bajo control las variables más básicas de la vida es grave. Además este sonido que comencé a sentir dentro de mi cabeza, me esta aturdiendo más y más a cada instante. No sé qué me pasa, es un timbre que aumenta poco a poco su volumen. No lo puedo resistir, mi cabeza parece que va a estallar, desesperadamente corro hacia el balcón y sin pensar salto al vacío. Caigo y en mi caída cierro los ojos y sigo cayendo, hasta que se estremece todo mi cuerpo…

El estremecimiento de mi cuerpo me revuelve en la cama, abro los ojos y aturdido por el despertador, miro la hora: las 7 y 45 minutos. Mi reloj me da la fecha, 16 de noviembre y una carcajada de alivio suena fuerte en mi habitación.

Y sí…, mañana cumplo cincuenta.