Las mentiras sobre la Reforma Educativa.
El Pacto por México y el gobierno
federal llevan a cabo una campaña en medios de comunicación para convencer a
los maestros de México y a la opinión pública sobre las bondades de la reforma
educativa recientemente aprobada por el Congreso de la Unión.
El 9 de enero se publicó un
desplegado en 29 periódicos locales y cuatro de circulación nacional dirigido a
los maestros de México, con el objetivo de compartir información acerca de las
reformas que se están haciendo al artículo tercero constitucional. El
comunicado califica a los docentes de apreciables.
Curiosamente, el documento no está
firmado por el Congreso de la Unión, sino por el Pacto por México. Nadie en lo
personal se responsabiliza de él. En el mensaje se explica por qué fue
promovida la reforma, qué supuestos beneficios traerá, para qué se crea el
Servicio Profesional Docente y por qué dar autonomía de gestión a las escuelas.
Ya encarrerado, el pacto difundió
tres espots, copia y calca de los materiales producidos para divulgar las obras
gubernamentales de moda desde el Pronasol de Carlos Salinas. Abundan en ellos
idílicas imágenes de maestros, niños y escuelas con un mensaje central: la
reforma educativa eleva la calidad de la educación pública y respeta los
derechos de los maestros.
Para remachar la campaña, el 10 de
enero, Emilio Chuayffet reiteró que la educación no es propiedad de un grupo,
sino de la sociedad, por lo que el Estado va a reasumir su rectoría. Al
participar en el Foro México 2013, descartó que la reforma educativa sea
privatizadora.
Advirtió que no habrá excepciones
para nadie en cuanto a la evaluación o cumplimiento de requisitos que se
consideren necesarios para brindar una educación de calidad. Según él, la
reforma no es antilaboral ni antimagisterial, sino que tiene por objeto dar
certeza al maestro; certidumbre en su ingreso, en su promoción y desempeño como
docente.
En plena demostración de su talante
autoritario, aseguró que una vez que la reforma sea aprobada se efectuarán una
consulta y una amplia campaña para darla a conocer. ¿De qué sirve una consulta
cuando la reforma ya fue hecha? ¿Por qué se evadió cualquier debate en foros
públicos?
Ni el desplegado ni los espots ni las
declaraciones de los funcionarios explican cómo es que la reforma hará realidad
todos los propósitos que anuncian. No puede ser de otra manera, pues la mayoría
de las modificaciones que se hicieron van en sentido contrario de lo que el
pacto asegura buscar.
La reforma educativa no tiene un
proyecto educativo explícito. No hay en ella nada que esclarezca hacia dónde se
quiere caminar en el terreno pedagógico ni cómo resolver los principales
problemas del sector. Por ejemplo, no hay una sola idea que aclare cómo
terminar con la desigualdad y el rezago educativo en el que se encuentran 32
millones de personas.
Lo que se aprobó no es una reforma
educativa, sino una reforma laboral y administrativa disfrazadas. Su objetivo
es que el Estado arranque al SNTE la conducción de la educación pública, y que
los maestros pierdan un derecho adquirido: la estabilidad en el empleo.
No obstante afirmar que los
resultados educativos son producto de múltiples factores y no dependen
exclusivamente de los docentes, en el fondo sostiene que el avance educativo de
los alumnos es responsabilidad única de los maestros. Por eso, la reforma pone
el acento en los mecanismos de control sobre el magisterio, no en los de su
participación en la definición del proyecto educativo ni en su capacitación.
De manera vergonzante, sin hacerlo
explícito, sostiene que el sistema escolar debe actuar de la misma forma en que
funcionan las operaciones de las empresas privadas. Siguiendo a la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económico, advierte que los maestros deben
estar controlados y rendir cuentas sobre la base de exámenes estandarizados,
cuyos resultados deben servir para premiarlos a ellos y a las escuelas con
estímulos económicos, si los resultados son buenos, o castigarlos con el
despido, si son malos.
La medicina recetada por la
institución no deja lugar a dudas:México necesita con urgencia un sistema de
evaluación docente basado en estándares (...) recompensar a los docentes
excelentes o dar apoyo a los docentes de menor desempeño. Los docentes que presenten
un bajo desempeño de forma permanente deben ser excluidos del sistema
educativo.
El pacto afirma que el Servicio
Profesional Docente fue creado para reconocer los méritos de los maestros y
asegurar que accedan a las plazas docentes con base en su esfuerzo y desempeño
personales. Señala que servirá para que los profesores, directores y
supervisores tengan certidumbre, estabilidad y condiciones equitativas en su
promoción laboral. Habrá –dice– reglas claras, justas y transparentes que
estimulen la profesionalización de los profesores,asegurando y promoviendo sus
derechos.
La afirmación es falsa. Lo que la
reforma legaliza es la posibilidad de despedir a maestros y directores que
cuentan ya con una plaza de base definitiva (y, por tanto, con un derecho
creado), si no obtienen calificaciones adecuadas en las evaluaciones que se les
realicen. La permanencia en el empleo está en entredicho.
El Pacto por México asegura que la
autonomía de gestión facilitará que los recursos públicos lleguen a las
escuelas y sean eficazmente utilizados, garantizando la gratuidad de la
educación pública. Mentira: la legislación abre la puerta para que, en nombre
de esa autonomía, y con el pretexto de involucrar a los padres de familia en la
gestión y el mantenimiento de las escuelas, se legalicen de factolas cuotas, se
permita la entrada de empresas a los centros escolares y se convierta en letra
muerta el precepto constitucional que garantiza la gratuidad de la educación
pública. Eso tiene un nombre: privatización.
Las expresiones de descontento entre
el magisterio contra la reforma son cada día más evidentes. Los docentes no se
tragan los cuentos que difunden las campañas publicitarias del pacto. Se
anuncia ya la batalla por la legislación secundaria. Los próximos meses veremos
cómo la inconformidad crece.
Luis Hernàndez Navarro.
LA JORNADA


