Cuando la Imaginación Tenía Voz: La radio en mis recuerdos
Llegué al
puerto de Acapulco a finales de los años sesenta. En aquel entonces, con apenas
seis años de edad, la ciudad se abría ante mis ojos como un gigante imponente y
desconocido, lleno de atractivos que parecían no tener fin. Sin embargo, en
medio de ese espectáculo visual que era el Acapulco de la época, mi ventana al
mundo no fue una pantalla, sino el sonido.
Un mundo
sin pantallas, pero lleno de historias
Hoy parece
imposible imaginar un hogar sin televisión, pero en mi infancia, debido a
nuestra situación económica, los televisores eran objetos de misterio. No solo
no teníamos uno, ¡es que ni siquiera los conocía! Mi primer encuentro con una
"caja mágica" ocurriría mucho después, en la casa de algún vecino.
En ese
entonces, nuestro centro de entretenimiento y conexión con el exterior eran los
aparatos de radio. En el puerto se captaban varias estaciones de AM, pero había
una que reinaba en el cuadrante: la XEBB, la RCN de Acapulco. Ella era la
encargada de musicalizar nuestras vidas y, sobre todo, de traernos las
inolvidables radionovelas.
El Bandido y el Hombre Increíble
¿Quién no recuerda las hazañas de Porfirio Cadena, el "Ojo de
Vidrio"? La historia del bandido de la Sierra del Huajuco era un fenómeno
de rating. Tenía dos citas obligatorias con su audiencia: a las 8 de la mañana
y a las 3 de la tarde. Puedo asegurar que varias generaciones crecimos con el
oído pegado a la bocina, siguiendo paso a paso las aventuras de este singular
personaje.
Y, por supuesto, no podemos olvidar a Kalimán. Sus aventuras eran
coronadas por el poder más grande que posee el ser humano: la imaginación. Al
no haber imágenes predeterminadas, cada radioescucha era el director de arte de
su propia película; nosotros edificábamos en la mente los paisajes, los rostros
de los villanos y el misticismo que rodeaba a "El Hombre Increíble".
El arte de saber escuchar
Escuchar la radio es, posiblemente, la experiencia más formidable que
existe. Te obliga a desarrollar la creatividad, a construir escenarios
preciosos que tal vez nunca veamos con los ojos físicos, y a ponerle rostro a
esos locutores que se convertían en parte de la familia.
"La radio no te da las imágenes, te da
los ingredientes para que tú las crees."
Desgraciadamente, esa capacidad de asombro y esa gimnasia mental se han ido perdiendo con el tiempo y el exceso de estímulos visuales. Hoy, esos momentos de magia sonora quedan guardados en el baúl de los recuerdos, esperando a ser desempolvados por quienes aún valoramos el poder de una buena historia bien contada.



